Estación Espacial Omega
La Tierra vista desde la órbita

Una luz roja parpadea sobre tu cara. Lo único que se oye es el zumbido del soporte vital, débil, con un tartamudeo cada pocos segundos.

La tapa de la cápsula de criosueño se abre con un siseo. Te incorporas despacio. Tienes los dedos rígidos y la cabeza llena de huecos: una alarma, una luz azul, alguien gritando una orden que no llegaste a entender.

Una pantalla holográfica se enciende frente a ti:

«Bienvenida, ingeniera Vega. Estación Espacial Omega. Día de misión: 248. Última entrada en bitácora: hace 36 horas. Tripulación a bordo: 1.»

Tardas un momento en entender que ese uno eres tú.

Al bajar de la cápsula pisas algo metálico: un soldador. En la pared, junto a la cápsula, alguien ha grabado cuatro cifras con un trazo torpe y apresurado:

7-3-9-1

Te escuece la palma de la mano derecha. Tienes una quemadura reciente, del tamaño de una moneda.
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